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| EN 1916, EN ZURICH, MIENTRAS LA GUERRA ARREMETÍA, UN DIVERSO GRUPO DE ARTISTAS LANZABA UNA NUEVA FORMA DE ARTE. EL DADA NACIÓ EN EL CABARET VOLTAIRE. CON USTEDES, LA HISTORIA. |
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Por Juri Steiner y Raimund Meyer *
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El sábado 5 de febrero de 1916, una ofensiva francesa colapsaba sobre el fuego sostenido de la artillería alemana. En ese mismo momento, en un dinámico barrio de Zurich, la mecha de la aventura Dada estaba siendo encendida. Alrededor de las seis de la tarde “en la calle más oscura y bajo las sombras de las alturas arquitectónicas, donde los discretos detectives se refugian entre las rojas luces” (Tristan Tzara, Zurich Chronicle), en la pequeña sala del restaurant Meierei, Hugo Ball, Hans Arp y Emma Hennings –a quien el buzo verde azulado y el extravagantemente maquillaje hacía nada por disminuir su frágil gracia- estaban ocupados colgando posters. Se sorprendieron con la llegada de una delegación de aspecto Oriental, que saludó con una profunda reverencia. El pintor Marcel Janco, un apuesto y delgado hombre con cabello oscuro y rasgos corrientes, y el poeta Tristan Tzara, con sus jóvenes y cuidadas manos, respondían al llamado aparecido en la prensa que invitaba a todos los artistas locales “sin importar su orientación estética”, a concurrir a ese lugar “con propuestas y colaboraciones”. Como ninguno de los dos hombres hablaba muy bien alemán, utilizaron el francés. Janco, que no era un hombre muy conversador, ocasionalmente libraba alguna broma obscena totalmente fuera de lugar. Así y todo, su Ange Gardien pronto aparecería junto con todos posters Futuristas y entre los dibujos de Picasso y Modigliani y las pinturas de Augusto Giacometti y Macke. En su bolsillo, Tzara traía “versos antiguos”, que recitaría esa misma tarde. El sexteto de balalaicas Ruso (que aumentó a veinte músicos en dos días), agregó la diversidad anhelada por Hugo Ball, con un programa musical que contenía los trabajos de Rachmaninoff y Saint-Saëns. Ball quería, por sobre todas las cosas, un café para los artistas, “un lugar interesante y entretenido, dedicado a la recreación y los asuntos del espíritu”. Esa tarde, el barrio Niederdorf lejos estaba del horror y el olor de la pólvora de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la respetable ciudad de Zurich –que se estaba adaptando lo mejor que podía a este nuevo rol temporal de ciudad cosmopolita refugio- aún no era consciente de lo que pasaba por sus carriles. Y de hecho, ¿cómo podría serlo? Ni el programa de esa primera tarde –y las otras que siguieron- ni el “dark poster” de Slodki, y ni siquiera las elegantes invitaciones a la tarde inaugural, eran provocativas en alguna medida. Nada podía haber hecho pensar a los amigos que asistieron –entre los cuales se encontraban cultivados ciudadanos, estudiantes y gente que fue por casualidad- que esta nueva iniciativa era algo más que otro Simplicissimus zurichois (un simplísimo cabaret que había abierto en Munich en 1903 que hacía referencia al satírico diario que llevaba ese nombre). |
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Las tardes en el Cabaret Voltaire –que algunas semanas después harían despegar al movimiento Dada y la implosión de sus valores sociales- permanecían aún cubiertas por un halo de misterio. Era como si todos se hubieran aventurado a su propia oscuridad. El negro y azul de las paredes y el techo era igualmente oscuro, lo cual hacía difícil calcular los cincuenta metros cuadrados del salón. ¿Cómo y cuándo sucedió este movimiento conocido por solo dos sílabas de oro “Dada/dada” luego de abril de 1916? La preparación colectiva de una fiesta de máscaras fue uno de esos “segundos de eternidad en el cual, de repente, una inquietante extrañés explota en el escenario y el arte busca nuevas formas”. Cada uno de los participantes usaba una máscara construida por Janco; estas máscaras incitaban a los participantes a incluir gestos y nuevos disfraces. “Aunque nunca lo hubiéramos imaginado cinco minutos antes, de repente nos encontramos realizando un estrambótico ballet, cubiertos y adornados por increíbles objetos, tratando de superar al resto mientras danzábamos alrededor del salón”. Las tardes también incluían performances individuales: una lectura de Ball, en la cual usaba un sombrero de mago y un traje Cubista hecho de cartulina (el “obispo-mago” se llevaba él solo el escenario), una recitado de su Gadji beri bimba. Tzara declamaba Poèmes Nègres, con la asistencia de Ephraïm, un marinero alemán y dueño del Cabaret Voltaire. |
“BUFONERÍA PROVENIENTE DE LA NADA” “Tuvimos que buscar un largo rato antes de encontrar al Dad”, escribió un antiguo Dadaísta paseando por la Spiegel Street en una postal que mandó a París. La hoy histórica casa de la esquina, se ha transformado en un punto de referencia de aquel turbulento y determinante período de su existencia. En el Caberet Voltaire, reabierto en el año 2004, el Dada es presentado y explicado, trasformado y experimentado. El espíritu del lugar es puesto a prueba una vez más.
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*Juri Steiner. Suiza, 1969. |
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Traducción: Mariana Ponce de León |
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