Marianella Morena se muestra molesta, o al menos no disimula la evidente situación de que siendo un “Ya no se puede decir más: ´esto es para determinado público, esto es para otro público`. Quizá hay públicos que son portátiles o móviles y dependen de un proyecto específico y luego eso después desaparece. Pero ha quedado ese chip en nosotros de creer que una obra es para determinado público, y después te das cuenta de que la vida te da cachetadas en ese sentido. A mi me pasa todo el tiempo.” “…Siempre te dicen que hay que esperar el momento “políticamente correcto”, o el espacio adecuado para llevarlo adelante. Pero yo creo que hay un espacio, un margen, el cual no es de nadie, y el primero que pasó se lo apropió y se lo llevó a su territorio. creo que en todas las cosas siempre hay un margen libre de contaminación, libre de poder, que no está ni de un lado, ni del otro. Y el primero que tuvo la posibilidad de apoderarse de ese margen, lo agarró y plantó bandera.” En este primer escalón, un escalón que nos conduce hacia abajo (léase con esto hacia la profundidad del tema, o léase metafóricamente hacia un porvenir preocupante), Marianella se para frente a las clasificaciones marketineras de los públicos. Es que su obra, “Don Juan, el lugar del beso”, ha sufrido de esas clasificaciones que comúnmente solemos hacer, la de por ejemplo considerar a una obra tan arriesgada como para un determinado espectro de personas. ¿Pero sabemos realmente el alcance de una obra? O más aún, ¿cómo medimos ese alcance? “Hay algo interesante, que lo podés ver –no con gráficas-, pero es lo que le pasa al espectador, y es fenómeno de redes.. A mi me pasó que por el ´Don Juan´ desfiló casi toda la comunidad del psicoanálisis lacaniano, y luego se abrió un intercambio que fue sudediendo en distintas áreas, personas, fragmentos, distintos actores sociales.Es un efecto multiplicador de alcance inmedible, sin estadísiticas, sin números, pero en contacto con las realidades. - Pero no creo que tu Don Juan deba ser una de esas obras de alto impacto… Pensar así, es pensar las cosas desde un lugar equivocado. Sí, hay un número, pero el teatro no es una función matemática ni mucho menos. Es negar una infinitud de redes visibles e invisibles que hacen a un hecho, a un encuentro, a una experiencia escénica. Es lo que me decías hoy sobre el Don Juan, es tal cual, a mi lo que me interesa en este tipo de construcciones es el encuentro íntimo que sucede de verdad entre el hecho escénico y el espectador. La sensación que me produce como espectadora, cuando voy a ver un espectáculo teatral de más de 600 personas, es la de estar cogiendo con mucha gente a la vez. Es la privación de la intimidad. Y siguen las palabras que nos llevan un poco más allá. Que bajan un nuevo escalón y que ahora nos hablan de un país, el nuestro, el que provoca estas situaciones con el arte, con la cultura. En este punto Marianella hace un especial acento en la preocupación que le genera la situación que vivimos y el lugar que se le otorga a la cultura. - ¿No hay políticas gubernamentales? ¡Las personas desde que se levantan consumen cultura! Es algo que pasa por todos los canales. Pero al margen de que no hay una política establecida, no hay un pensamiento que considere que esto es tan importante como dar un plato de comida. No estamos instalados en el pensamiento de la clase gobernante, no formamos parte de las urgencias, entonces ahí viene el diagnóstico¿desde dónde se hacen las evaluaciones de las urgencias de un pais, de una nación, de un colectivo? ¿Cuándo, en qué momento es que entra a tallar (en las urgencias)la construcción-destrucción de la identidad?. La permanente colonización que tenemos nosotros a nivel cultural me resulta impresionante. Es grave y peligroso. Uruguay podrá tener cláusulas políticas de ciudadanía, pero si vos no construís una identidad cultural de un país, desde el vamos, donde luego el adulto pueda decir “yo consumo esto”, o “conozco esto”, o “sé donde vengo”; si no se logra eso, la identidad puede desaparecer, incluso con las leyes más estrictas del mundo. Cuando surgió esto de la prohibición de fumar, y eso que yo no soy gran fumadora, y le decía: “eso deja bien en claro que quien gobierna es un oncólogo” (yo lo voté , soy de izquierda). Él piensa como un oncólogo, y un presidente no puede pensar desde su lugar más absoluto y personal. El trabajo sólo sobre la evidencia cientifica. una placa muestra un pulmón negro, el mal está identificado, entonces ataco al mal que lo produce. Con esto, deducen que el mal que no es detectable, no es mal. Yo decía: “el mal que le hace Floricienta en la cabeza a una niña, a un adolescente, como no es detectable, ¿no es mal?” Yo quisiera que alguien me ponga el equivalente, porque la destrucción neuronal y emocional que produce Floricienta, debe estar al mismo nivel que el cigarrillo. Pero todo se piensa desde su permanente equivalente visible. Y ese equivalente es sumamente elemental. - Igualmente vos escribís obras en esta época y en este país… Preferimos en ese momento hacer un alto en la escalera, no bajar más escalones, probablemente porque se empezaba a sentir el calor del infierno, lo que siempre asusta. Creamos un descanso en esa etapa, un descanso especial para su Don Juan, eterno seductor que se nos hizo presente de improvisto y de quien no podíamos eludir su presencia. Nos hizo hablar de su mito, de su lugar, de su beso, de su Molière… |
“Yo presenté este proyecto a un llamado que hace la Embajada de Francia para directores jóvenes, para obras de Moliére. Yo no tenía mucha empatía con Moliére. Cuando me lo puse a leer estaba todo el tiempo con la cáscara del lenguaje, Me aburría mucho. Claro, estamos hablando de 400 años de diferencia, realidades morales y religiosas muy importantes. Hasta que una mañana me levanté, y pensé en trabajar el texto de Moliére desde el aburrimiento, que era la única verdad que tenía. Y esa fue mi plataforma de conexión con Moliére y desde ahí empecé a escribirlo. Yo presenté un proyecto conceptual del lenguaje y la palabra: dónde está la palabra, cómo atraviesa el tiempo, cómo llega hasta ahora la palabra, cómo es manoseada… El eje que planteé como líder de acción es que los actores se besaban todo el tiempo, el Don Juan era en realidad un depredador contemporáneo que no sólo utilizaba lo erótico para seducir y conquistar sino que el beso formaba parte del robar al otro la palabra, o sea, yo te beso para tener tu palabra y si tengo tu palabra tengo el poder. un vampiro de vampiro de la palabra. El deseo no era el centro -el Don Juan como seductor de mujeres-, sino que eso es un medio para llegar a lo otro. Y presenté textos míos que hacían interferencia con los de Moliére, como si el texto de Moliére hubiese atravesado todos los grupos de actores que han representado a Don Juan desde aquel entonces hasta este grupo de actores; es el personaje el que llega al actor y se plantea el ver qué es lo que le pasa con el deseo. Qué le pasa al actor que interpreta al Don Juan, qué se lleva a su casa. Entonces un texto decía: “yo me quedo sin nada, el público se lleva mi deseo. No me puedo acostar con mi mujer porque no tengo nada para ofrecerle. El deseo queda en la boletería, en la taquilla…”. Entonces se compone el monólogo de la verdad del actor, dónde la escena tiene un componente erótico muy fuerte, de libido. - ¿Qué tiene de atractivo el Don Juan? - ¿Qué significa entenderlo todo? - ¿Y qué es El lugar del Beso? Trabajamos mucho con los actores el qué le pasaba al actor, que no quedara únicamente con el personaje. “¿Qué te pasa a vos cuando él te besa?”. Porque por más profesional que seas, por más que tengas las cosas muy claras, en el actor el contacto físico es una cosa muy difícil de manejar. Te moviliza. Entonces lo que a veces se trata es de bloquear todo eso, se toma distancia. Y sucede, vos vas, lo besás a él, y te vas a tu casa y no pasa absolutamente nada, ni te enamorás del tipo o de la tipa. Pero a mi me pareció interesante, en vez de bloquear y tomar distancia, no negar nada de lo que sucediera. Claro, eso genera… Se destapa la olla y salen culebras, sapos, ranas… (risas). Pero me parece que está buena la experiencia, tomar conciencia de qué me pasa, qué desata, qué cosas moviliza, qué elimino, qué guardo. Y me parece que está bueno como para después tener otro dominio de las emociones. Es una gimnasia, una gimnasia sobre la emociones, sobre la sensibilidad, que puede llevar a un nivel de entrenamiento. Pero lo que sí creo que el trabajar con los sentimientos, aunque no te toques un dedo, requiere de una formación previa, que el actor haya pasado por una escuela, o por una formación de talleres, porque requiere un entrenamiento. Y entrenamiento no es solamente cómo proyecto la voz, o adquiere palcticidad corporal o cosas del estilo, ese entrenamiento es el más fácil de adquirir. El gran entrenamiento es el emocional y el sensible. la observación y la reacción emocional frente a las cosas, y las situaciones es lo que debe entrenar un artista del escenario, con un alerta permanente, no se trata de "sacar y poner sensiblidad en el escenario" se trata de incorporar comportamiento y una gimnasia que le permita tener todos los canales abiertos, pero claro para no terminar en el psiqiuátrico tiene que tener un sostén técnio y una gran necesidad para actuar, tanto como la de respirar y amar, sino no vale la pena. |
QUESTIONES KORTAS Un libro: El espacio vacío, de Peter Brook |