"Dije que la idea de la igualdad contradice toda la estructura del género humano. Lo que hay de mas maravilloso en la humanidad, lo que decide su genialidad en relación con las otras especies, es precisamente el hecho de que un hombre jamás sea igual a otro hombre, en tanto que una hormiga es igual a otra hormiga. He aquí las dos grandes mentiras contemporáneas: la mentira de la Iglesia de que todos los hombres tienen un alma igual; la mentira de la democracia de que todos tiene el mismo derecho al desarrollo. ¿Piensa usted que estas ideas constituyen el triunfo del espíritu? Nada de eso, derivan del cuerpo; esas opiniones, en el fondo, se basan en el hecho de que todos tenemos un cuerpo igual.
No niego –añadí- que la sensación óptica es indudable: todos somos más o menos del mismo tamaño y tenemos los mismos órganos… Pero en la monotonía de esa imagen irrumpe el espíritu, esa propiedad específica de nuestra especie y que logra que nuestra especie se vuelva en su seno tan diferenciada, tan abismal y vertiginosa, que entre hombres y hombres surjan diferencias cien veces mayores que en todo género animal. Entre Pascal y Napoleón y un pobre campesino hay un abismo mayor que entre un caballo y una oruga. ¡Bah!, menos difiere el campesino del caballo que de Valéry o San Anselmo. En analfabeto y el profesor sólo en apariencia son hombres iguales. El director es una cosa distinta del obrero. ¿Y acaso usted mismo no sabe bien, por intuición, al margen de las teorías, que nuestros mitos sobre la igualdad, la solidaridad, la fraternidad, están en desacuerdo con nuestra verdadera situación?"
En la hoja 161 del libro Diario Argentino.
Ed. Adriana Hidalgo.