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Lukas Moodysson ofrece el desafío de desentrañar cuál es el vínculo que se traza, invisible e intangible, desde sus obras poéticas a sus piezas cinematográficas. O a la inversa. En 1998, presenta Fucking Amal, obra que lo posiciona de forma estable en la rosca mundial del cine y que obtiene la invalorable aprobación de cineastas como Bergman.

Se desarrolla así, con la crítica soplando a su favor, el trabajo de un extraordinario director que, sin huir de las topologías propias del cine escandinavo. Su trabajo, trazado siempre desde una mirada hacia la adolescencia en esos mundos nórdicos, entabla el conflicto dado por la globalización de un mundo occidental que aborda y desborda realidades de orillas lejanas. Allí, en el conflicto cultural global, Moodysson se hace partícula, vida de adolescente, y ataca a la pantalla con una muy bien aplicada crudeza narrativa.

A Fucking Amal se suman así dos obras más de este director, las cuales conforman la trilogía que hoy decidimos presentar sobre Moodysson. Quedan, como siempre, películas en pausa, como la muy aclamada Container, una película que nos acercaría a un Moodysson más poético, si se quiere entender de alguna forma.

Fucking Åmål (Suecia, 1998)
Tillsammans (Suecia, 2000)
Lilja 4-ever (Suecia, 2002)
 

Esta historia consagra mundialmente al director sueco que es puesto a la altura de Lars Von Trier o Thomas Vinterberg. La pieza narra la historia de una joven adolescente que, en sus primeros pasos de su sexualidad, comienza a descubrir su atracción hacia una compañera de clase. Lo cruel del mundo teen contrasta con una tierna experiencia de amor.

 

Dos años más tarde Moodysson apuesta a una historia más relajada, sin densa pesadez situacional y apostando a recursos de humor. El resultado es Tillsammans: una pareja se separa y ella se va a vivir con su hermano a una comunidad hippie. Las contradicciones políticas, sociales e ideológicas acercan un humor inteligente, dejando siempre sonar de fondo el terrible problema de la soledad como síntoma de nuestro tiempo.

 

Y pocos años después llega esta obra, más cercana a la propuesta iniciada con Fucking Amal. La historia de una adolescente abandonada por su madre, librada a su propia suerte, y la realidad de un mundo marginal que parece tener espacio en toda sociedad occidental. Moodysson vuelve con toda su crudeza en el manejo narrativo, abriendo al final de la pieza un espacio para escapar a través de la poesía.