(Valladolid, España, 1954). Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Valladolid, es catedrático de Lengua Castellana y Literatura en el Instituto de Enseñanza Secundaria "Sefarad". Desde 1996 vive en la bellísima y legendaria ciudad de Toledo. Su extenso trabajo como escritor se ha desarrollado paralelamente en la poesía, el ensayo y la crítica literaria. Ha publicado, entre otros, los poemarios Invernales (1985, con una reedición parcial en Para una teoría del color, 1995), La condición de pasajero (1986), Inventario (1987), Falso movimiento (1993), La mujer automática (1996) y Tienda de fieltro (2004). En Montevideo, en 2005, Lapzus publicó la selección poética Para ordenar los plurales. Ha sido incluido en antologías de España, Portugal y Francia, y ha colaborado en revistas literarias de Europa y Latinoamérica. Como editor trabajó sobre Antonio Gamoneda, José-Miguel Ullán, Vicente Núñez y Paul Verlaine. Ha traducido al español a los poetas Ponge, Verlaine y Rimbaud. Esta selección, realizada por el autor, es el borde de una taza de café, una silenciosa consumación, un haz de luz para incitar la búsqueda de un caballero de la poesía.
La mujer automática
Edward Hopper, Automat, 1927.
Albert Camus, L’étranger, I.5.
El sombrero es una campana
que la fija a la mesa;
cierra las rendijas de aire,
la fija a la mesa.
Cuanto más redonda, blanca, encendida
de luz está la mesa, más se encoge.
Se absorbe. Sin mover los labios,
que no la miren: una esponja húmeda
va pasando por los rincones,
con cuidado, limpia cercos de líquido.
No retiene nada con los ojos,
resbalan, no se para en nada
con los ojos.
Las letras, el pequeño anagrama
se emborrona en el plato,
el surco de café,
el montón de colillas.
Hasta el borde apura, hasta el filtro
naranja que apaga el fuego.
Caramelos de menta, al vapor,
los más agudos. Más cigarros.
La taza vacía, hace mucho.
Fijeza no es concentración.
Campana no es dentro;
entre la piel y el aire,
espacio de campana.
Silencio no son ojos,
el silencio no piensa.
Cuando va al wáter, tropieza con las sillas
apretadas, los grupos se reúnen
para el desayuno. Triple hilera
en la barra, en las mesas no hay sitio
para tantos platos.
Ahora son operaciones usuales:
bola de papel, borde de la taza,
tiras de papel, perímetro.
Entra por detrás una corriente,
se oye su roce;
fría en la nuca,
grisácea de callejón.
La mesa tiene estelas grises
de ceniza arrastrada
un punto en que al perderse de todo
se pierde de sí.
Ritmo del pájaro esquiador:
cierra las alas junto al cuerpo
como el esquiador poco antes del salto,
junta las alas al cuerpo;
se mantiene en el aire
con su cresta pequeña.
Tomado de La mujer automática,
Cátedra, Madrid, 1996.