Demonacte: vivir sólo para vivir

Dejarse morir, en vida, sin más acción que la que pueda otorgar el tiempo, a quien no se puede engañar, nunca. Estar hasta el último respiro, cumpliendo la función humana y refutando en silencio que la vida ha acabado hace ya mucho tiempo, no por designios divinos, sino cuando la voluntad lo requiera, teniendo que ser esta, necesariamente, libre.

Así vivió Demonacte, consagrando su muerte.

Se ubica la vida de este filósofo cínico entre los años 80 y 180 después de Cristo. Cuenta uno de sus discípulos, Luciano de Samosata, de quien obtenemos casi el único vestigio de información sobre este pensador, que “vivió casi cien años, sin enfermedades, sin dolores, sin molestar a nadie, sin pedir nada, útil a sus amigos, y sin enemigo alguno”.


Si la ética de la libertad sartreana proclama la libertad del esclavo, no será Demonacte precisamente ese ejemplo empírico que anticipa la teoría. Su libertad estará dada desde su pensamiento, que espanta toda historicidad posible y supera todo anacronismo. Allí, en ese lugar que todo lo puede, descansa la libertad, y con ella su muerte:

“ - Sólo es feliz , dijo, el hombre libre.
- Pero hay muchas gentes libres , le repusieron .
- Yo, añadió , sólo creo libre al que ni teme ni espera.
- ¿Puede haber un hombre de esa especie ?, dijo su interlocutor .

- Sí , replicó el filósofo , pero bien consideradas las cosas de los hombres, verás que no son dignas de miedo y esperanza, pues todas, agradables ó molestas, son, sin excepción, caducas”

¿Cómo se vive, pues, la vida desafectada? Irónicamente. Este fue el estilo de nuestro filósofo: “Vamos, Demónax, al templo de Esculapio y pidamos por mi hijo.- Pues qué, le respondió, ¿crees que Esculapio es sordo y no puede oír lo que pidamos desde aquí?”. Un discurso vacío, irónico y políticamente incorrecto, pero que a diferencia del propio de la posmodernidad tiene un estoico cierre de coherencia, la valentía del suicidio.

Vivió casi cien años, registra Luciano de Samosata, y fue tenido como un importante filósofo de su tiempo en la convulsionada Atenas, respetado pos su pueblo y honrado en la Asamblea. Cuando entendió que su edad le imposibilitaba atender sus propias necesidades, recitó a sus amigos los versos que presentan este artículo y decidió abstenerse de todo. Dejarse morir como quien se deja nacer. En esta práctica reside la filosofía demonactiana: una vida que como llega se va, involuntariamente.

 

 
 
Por Francisco Oporto