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La producción de documentales históricos está llena de problemas. Uno de los más evidentes: el presente
del ayer está insalvablemente perdido. Y documentar con una cámara algo que no existe más es imposible.
¿Es imposible?
Bueno, los realizadores de documentales son gente astuta, y a través de varias generaciones, han
desarrollado refinados métodos para afrontar este problema.
La manera más obvia de revivir el pasado en la pantalla es utilizando material de archivo. Afortunadamente, el cine ha estado en la vuelta por más de 100 años y legiones de profesionales y charlatanes han utilizado sus medios para documentar todo lo que uno pueda imaginar, desde lo más evidente hasta lo más bizarro. De hecho, el medio comenzó como puramente documental. Dado que el cine era algo nuevo y el impacto visual no tenía precedentes, todo lo que era filmado era interesante para el espectador, incluso un tren llegando a la estación o los trabajadores saliendo de una fábrica. Al principio el contenido no importaba demasiado; la novedad del medio era la mayor atracción. Hasta las situaciones diarias más banales se tornaban interesantes cuando eran revividas en la pantalla. En esos días, el director era una persona discreta y modesta, un mecánico del nuevo medio. No estaba apurando a la gente y diciéndole qué hacer. Tampoco cortaba sus films, ni los polucionaba con su mirada. El director solamente recordaba lo que había visto, exclusivamente en función de un misterioso y extraño efecto. En ese entonces el medio era virgen, y los documentos visuales que han llegado a nuestros días tienen la frescura y el aura de la verdad.
Desafortunadamente, el archivo material no permaneció impoluto; rápidamente perdió su inocencia. La gente comenzó a entender el gran potencial que tenía ese medio. Desde que la novedad del efecto ha pasado, los contenidos se han vuelto cada vez más importantes.
Entonces, los realizadores comenzaron a pensar en todo tipo de narrativas y payasadas para mantener a sus audiencias felices. Si un tema no tenía salida, los directores le daban un giro para que funcionara. El más notorio en distorsionar la verdad fue Flaherty, el padre de los films documentales. Al comienzo de “Nanook of the North” seis personas se amontonan en una canoa que apenas puede soportar una sola persona. Ni bien el film empieza, la audiencia es confrontada con una situación que es descaradamente falsa. Es una pequeña secuencia de humor que nos está diciendo: no se tomen todo en serio. Flaherty era un verdadero caballero que jugaba con las cartas abiertas.
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Por desgracia, las siguientes generaciones de realizadores de documentales no fueron tan caballerescas. Torcieron las cosas lo mejor posible pero clamaron que aquella era la verdad irrefutable. Comenzaron a abusar del medio, utilizándolos para oscuros propósitos políticos y para propaganda. Posteriores archivos materiales, especialmente los films del Tercer Reich, son altamente contextuales. Están envenenados con la mirada del director.
Así y todo, en comparación, la mirada distorsionadora del director es un problema manejable. En mi documental de humor sobre el Tercer Reich (Heil Hitler, das
Schwein ist tot!), recientemente se ha emitido en Alemania, he utilizado música estrafalaria y escenas estilizadas con actores para contrarrestar el contenido propagandístico del material. A la audiencia pareció gustarle esta forma de abordar el problema, el film obtuvo una gran cuota de mercado y mi libro sobre ese tema se agotó luego de tres días.
Desafortunadamente, existen otras dificultades. La más engañosa (y la más obvia), es que no todos los momentos de la historia fueron cubiertos. Aquellos realizadores que eligieron temas ocurridos antes de 1900, son los que tienen que pelear e improvisar más. En lugar de poder recurrir a los archivos, necesitan capturar rastros visuales de épocas pasadas, como ser la arquitectura egipcia, la pintura renacentista o una ciudad perdida en la selva. Frecuentemente, esas imágenes son flanqueadas por entrevistas con expertos, reconstrucciones y CGI´s (Computer-generated imagery), de tal manera que el espectador se hace una idea especulativa de cómo era el pasado distante. Estas estratagemas han sido corroboradas por el tiempo, y si son bien ejecutadas, entonces funcionan. Incluso, hasta cierto punto han sido aplicadas con la historia reciente.
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Todo esto tiene algunos beneficios en la medida que el archivo del siglo XX nos recuerda cómo eran los jarrones griegos, sin embargo, siempre se pierde una pieza en alguna parte. Algunos de los momentos más decisivos no fueron registrados en film, pero los mecanismos de la narración moderna pueden llenar esos baches.
El más extremo de estos mecanismos es utilizado, indudablemente, en el film transmitido por Discovery Channel “The Secret Plot to Kill Hitler”. En dos palabras, el film es la anatomía del atentado fallido contra la vida de Hitler el 20 de Julio de 1944, cuando Count Stauffenberg puso una bomba en un portafolios bajo la mesa de mapas del Führer. La narración va y viene entre los cuarteles generales de las naciones que están guerra. El archivo real es mezclado con material “falso”, que fue generado a través de la reconstrucción de secuencias históricas y luego, digitalmente, se modificaron las caras de los actores de tal forma que parecieran Churchill, Roosevelt, Stalin y Hitler.
Mientras la historia del fallido golpe se despliega, somos transportados a las barracas donde explotó la bomba de Stauffenberg. Vemos a un Hitler digital hasta el momento de la explosión, y luego lo vemos con los pantalones raídos y todo cubierto de polvo.
El año pasado, algunos clips del film fueron exhibidos en el Leipzig Documentary Festival. En una discusión bastante emocional que se produjo luego de la muestra, la mayoría de la gente parecía estar de acuerdo en que crear falsos archivos era un acto “inmoral”. El argumento dominante planteaba que las imágenes generadas con la computadora hacían de “The Secret Plot to Kill Hitler” un delito, un relato del pasado falso y distorsionador. La audiencia ignoraba que el realizador estaba jugando con las cartas abiertas: al comienzo del film aparece un subtítulo que establece claramente que se utilizan CGI´s, y que material “falso” fue editado junto con el archivo histórico real. El film es facturado como “historia virtual” lo cual implica, por supuesto, que es una mera reconstrucción del pasado. Los realizadores son muy francos en este sentido.
Entonces, en otras palabras, no hay nada de inmoral en el “archivo virtual” de “The Secret Plot to Kill Hitler”. Uno puede sospechar que, señalando al material falso, la audiencia de Leipzig estaba tratando de formular un malestar general sobre el film. La velocidad del documental, el apuro en pasar de un signo de exclamación al siguiente, el sensacionalismo nervioso; todo esto puede que haga del film un producto comercial para televisión, sin embargo, no nos ayuda a obtener un mayor entendimiento sobre el período más oscuro de la historia alemana. El film es entretenimiento dinámico sazonado con un inteligente e indiscutiblemente novedoso montaje. Quejarse sobre el valor de entretenimiento de la pieza no tiene sentido. Después de todo, no debe sorprendernos que, si uno mira hacia el pasado a través de un brillante caleidoscopio, no obtendrá un imagen precisa sino una mezcla de colores que agradan al ojo.
En lugar de entrar en una eterna discusión sobre la moral, sería más productivo si los realizadores de films y los espectadores admitieran que la “verdad” es escurridiza cuando se trata de la historia, especialmente si uno utiliza la televisión como medio. Sin embargo, para ser justo, existen excepciones a la regla. “La Secretaria de Hitler” (Im toten Winkel - Hitlers Sekretärin) es una de esas raras excepciones. Este film utiliza la herramienta más poderosa del género: en lugar de usar material de propaganda poco confiable o recreaciones especulativas, se apoye enteramente en las declaraciones de un solo testigo real de los hechos. Traudl Junge ingresó como secretaria de Hitler en la última fase de la guerra. Vivió en los cuarteles en Polonia y vio con sus propios ojos, la caída del régimen en el bunker de Hitler en Berlín. El film consiste únicamente en una entrevista con Junge.
Hay que admitir que esta forma de encarar el tema resulta bastante arriesgada, ya que la pura entrevista puede volverse monótona rápidamente. Pero “La secretaria de Hitler” captura la atención del espectador con un poder de pesadilla. Mientras Junge habla, los hechos acontecidos hace más de 60 años reviven de repente en sus palabreas, en sus gestos y en su cara. Ella rezonga a la niña naïve, a su propio joven yo, que no veía en Hitler a un monstruo sino a un hombre mayor muy caballero que era justo era su jefe. A través de los ojos de Traudl Junge, logramos vislumbrar un villano que no es el dictador que grita en los noticieros, sino un individuo manipulador, neurótico y asesino, que llegó al poder no por una fuerza demoníaca misteriosa sino por los propios alemanes.
Hay momentos terribles en el film cuando Traudl Junge ve la entrevista y se mira a sí misma hablando en la pantalla. En esos instantes, cuando todo el tormento se inscribe en su cara, de repente se da cuenta que es una mujer luchando por su alma, luchando por la redención. “La secretaria de Hitler” es un crudo e inquietante documento. Para el espectador se hace difícil poner la historia a un lado, tratarla como una especie de monolito que nada tiene que ver con nuestras vidas actuales. Nos damos cuenta que cada movimiento de la historia es el resultado de las acciones de personas de carne y hueso.
No es frecuente realizar hallazgos como este en los documentos de la historia, hallazgos que son descubiertos en un nivel tanto emocional como racional. Desafortunadamente, “La secretaria de Hitler” no contiene una fórmula que pueda funcionar en todos los temas históricos. Cada realizador tendrá que marcar su propio camino desde el pasado hasta el presente. Este, en esencia, es el desafío de nunca acabar que caracteriza al género de la historia.
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Nota del Traductor
1. Computer animation, historical documents, archive film, and other media help recreate July 20 1944,
the day Hitler's generals attempted to assassinate him. |
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Rudolph Herzog (Alemania) es
productor y director
cinematográfico y televisivo |
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Traducción: Mariana Ponce de León |
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