A los tres años tocaba el piano de oído, a los cinco comenzó a recibir clases, hoy, a los 65 años, Chucho Valdés, oriundo de Quivican, Cuba, toca el piano como los dioses y experimenta fusiones entre el jazz y la música latina.
Sus morenas manos sobre el piano lo han consumado como jazzero indiscutido, sin embargo, su estilo es particular: sus influencias y raíces cubanas se translucen y trasmutan con el jazz. El producto, un deleite para el oído.

“Pienso que esto es la raíz. La música nuestra tiene dos influencias. La africana, la de los tambores y la española que también es rítmica. Porque lo españoles también tenían influencia africana pero del norte. Ellos fueron invadidos ocho siglos por los árabes que les dejaron un legado rítmico incalculable. Entonces los otros africanos que venían de Nigeria venían también con otras rítmicas. Pero el cubano, hijo de ambos, tiene el ritmo de ambos, entonces se cría muy rítmico. Pero también una cosa: no perdió su identidad con África. Los instrumentos de percusión se quedaron. Y en general nosotros hemos aprendido a tocar esos instrumentos. Y una forma de identificarme como un pianista es precisamente -y además lo llevo dentro- tocar el piano con el sentido rítmico de la percusión. Eso también, aparte que es el fuerte nuestro, es un poco también lo que nos diferencia de los pianistas de puro jazz. Y cuando digo puro jazz, nosotros tocamos puro jazz cuando queremos también, pero bueno, lo hacemos de esta manera que es la forma que nos identifica como Afrocuban jazz o lo que llaman Latin jazz”. (1)

En su sitio web (www.valdeschucho.com) se pueden oír algunas cositas.