Es egresado de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Católica. Tiene una Diplomatura en Estudios Literarios en la Universidad de Montevideo y diversos estudios sobre cine en “El Amante/Escuela”, en Argentina. Estudió Cine Moderno con Gabriela Guillermo.
Trabaja como productor televisivo del programa “La culpa es nuestra”, que emite Canal 10. Además es columnista de cine en el programa de radio “Justicia Infinita” y la publicación “Freeway”. También dicta un curso sobre cine contemporáneo de autores fuera de Hollywood, en la Universidad Católica.

 

Miguel Ángel Dobrich puede que sea alguien que nos aporte algo más importante que datos sobre una película. Al menos creímos en esa posibilidad. Invitado especialmente para reflexionar sobre la función de la crítica, entendemos que nos hemos topado con un joven que no sólo sabe mucho de cine, sino que le ha dedicado mucho tiempo a pensarlo.

Esto lo lleva a decir con propiedad que le sorprende “que estudiantes de comunicación, de cuarto año, sin importar la Universidad, tengan un bagaje bastante frágil con respecto al cine y a la literatura. Me resulta extraño. Hay un cierto descuido. Noto que hay un nivel bajo, que la media es bastante baja.”

Sobre las cuestiones que dan a su trabajo el rótulo de crítico de cine, del cual reniega, de eso y otras questiones va esta interesante entrevista a Miguel Ángel Dobrich.

- Si bien sostenés que en tu profesión no sos crítico, ¿cómo fue que guiaste tu formación académica hacia ese posible perfil de un crítico?
MAD: Es por amor, aunque suene espantoso, la literatura y el cine me fascinan, me conmueven. Que no me defina como crítico, es sencillo, es porque tanto en la columna de Justicia Infinita, como en la columna de Freeway, el norte es más bien de entretenimiento. Utilizo ciertas armas críticas, o métodos de análisis que varían según la temática que se toque, puedo batir a punto cocktail esto con la reseña y contextualizar históricamente la obra de un autor, pero el fin de las columnas es entretener.
No es que no me interese hacer crítica, me divertiría muchísimo, pero me interesaría hacerlo por escrito.
La crítica roza el objeto sobre el que trata, hay una tensión entre la intuición y lo racional en donde uno expone dudas, subjetividades y métodos para abordar la obra, pero jamás el fin de la crítica es demostrar, sino mostrar.
Por eso digo que no me defino como crítico. Las columnas tienen muchas veces una función como de reseña, de contexto histórico, que creo no amerita que tenga el nombre de crítica. Me parece pretencioso e inexacto.

- ¿Te interesa teorizar sobre el cine?
MAD: Sí, muchísimo. Escribo bastante sobre cine (cosas que no sé si algún día alguien verá), esencialmente sobre la tensión entre la palabra y la imagen. Hace ya mas de un año que estoy obsesionado con plantear la posibilidad de tratar la palabra como un estado de la imagen, y viceversa.

- Bien, pero quienes ejercen la misma profesión que vos se denomina “críticos”
MAD: Creo que la media que se define como crítico, no lo es.  Dar información sobre una película, o sobre un autor, no es ejercer la crítica. Además todo eso convive con los repartidos de prensa… Muy poca gente hace crítica en el mundo. Hay, obviamente, personas más que destacables en Uruguay. Homero Alsina Thevenet era sólido y claro. Zapiola es otra persona a la que respeto en extremo. Federico Veiroj no trabajó como crítico pero es increíblemente bueno. No lo conozco personalmente, sino como lector, sé que ahora está en España, y es una pena que no esté por acá. También valoro el trabajo de Alejandro Yamgotchian…  podría seguir dando nombres, pero sería injusto porque mi memoria es frágil.

Pero volviendo a la cuestión inicial, considero que generalmente no se hace crítica y menos en los espacios de espectáculo de los diarios y de la TV. Hay publicidad, entrevistas con actores o directores y fragmentos de conferencias de prensa.

- Y sobre la función que cumple esa “crítica”, ¿es necesaria?
MAD: Intuyo que muchos cuando no intentan informar o promocionar un film, pretenden ser traductores, y yo entiendo que la crítica jamás debe traducir, sino que, como te decía antes, el fin de la crítica es mostrar, proponer, no demostrar. Optar por encuadres, hacer acercamientos, zooms,  en determinadas partes o en determinados aspectos de una película. Creo que el crítico tendría que medir la película concreta, sus aportes, teniendo en cuenta la Historia y el futuro del Cine. Y me parece que en los medios no se hace eso.
El fin, en radio, en las secciones de espectáculo de los diarios y en televisión, es entretener e informar.
Por eso es que pongo en duda la posibilidad de hacer crítica en los grandes medios. Puede ser que se concrete en medios especializados, alternativos o en secciones culturales.

- Más allá de todo, hay algo que me llamó mucho la atención cuando escuché tu columna en radio, y fue el hecho de que el espectador constantemente te consulta sobre si ir a ver o no determinada película…
MAD: Eso es rarísimo, y es bastante incómodo. Porque como espectador –me considero un espectador, más allá de que pueda haber visto o de que vea más películas que el oyente medio por mi trabajo- jamás me ha importa la opinión “especializada”.
A Justicia Infinita escriben preguntando: ‘¿te gustó tal cosa?’, ‘¿te gustó tal otra?’, y yo trato de desestimar eso. Lo que importa es la es el vínculo del espectador con la obra.
Cuando hago foco en una película intento evitar la sentencia de ‘me gusta o no me gusta’. Tal vez pueda confesar al final que me entusiasmó o no, pero infinidades de veces he defendido películas con las que no tengo afinidad.
Además en Justicia Infinita tenemos un sistema de puntuación de películas que es bastante particular, ya que estoy en contra de puntuar las películas. Por eso se generó el sistema de puntuación de películas que es el “Jackie”: que es una medida absurda que pretendía no tener valor de medida pero que, igualmente, homenajea a Jackie Rodríguez Strata (y a Yamandú Marischal). Jamás tuve la intención de que funcionara como medida e increíblemente se ha materializado en eso. Nosotros vivimos de modo lúdico el puntaje, porque realmente no importa.
También tenemos un sistema de puntuación destinado a películas que superan lo “malvado”, que son los “Kevin Bacon”, porque realmente Kevin Bacon se ha dedicado a coquetear con películas espantosas.
Pero cuando me preguntan, ‘¿te gusta tal cosa?’, ‘¿te gusta tal otra?’, yo les respondo como un amigo, pero creo que no importa y no es mi función matar o dejar vivir…No soy un cineasta frustrado.

- Pero es importante rescatar que entre el espectador y la obra existe una institución, “La Crítica”, que intermedia entre ambos…
MAD: Sí, pero ¿cuánto intermedia? ¿Cuál es el peso de esa “crítica”? Es casi mínimo, y sobretodo cuando se trata de películas hollywoodenses, que son la mayoría de las películas que se exhiben.
Porque el medio en el que trabajas, ya sea virtual, impreso o radial, no puede competir con el impacto publicitario que tiene una película hollywoodense. Es ínfimo. ¿Vos pensás que si le doy “para atrás” a Superman va a ir a verla menos gente?

- No, lo que sí creo es que tu trabajo es referencia ineludible para quien piense ir a verla o para quien ya la vio… Como una necesidad de que alguien intermedie entre la obra y yo…
MAD: Creo que es una referencia mínima que puede servir para que el escucha o el lector contraste su vivencia de la película o sus cuestionamientos con lo que dice el crítico o con lo que escribió el crítico.

- ¿Y esas críticas que aparecen en los afiches que anuncian la película, destacando la frase de críticos de reconocidos medios?
MAD: Generalmente esas citas son falsas. En Estados Unidos le pagan a los periodistas– por eso subrayo la diferencia entre el periodista de espectáculo y el crítico- para que elijan entre varias frases armadas que podrían llevar su firma.
Nunca se pone nada malo. Es parte de la publicidad. Hollywood tiene un sistema para promocionar sus películas que es realmente eficaz: invitan a los periodistas a las locaciones, se centran más en los actores que en la obra o que en el director. Les dan regalos. Acá también pasa eso, pero en menor escala, se reciben regalos de las distribuidoras (gorritos, remeras), cortesías que ciertas personas puedan interpretar como un modo, no de presión, sino de seducción para que se hable mejor de los films que están en cartelera.

- ¿Y con el cine que no viene de Hollywood?
MAD: Bueno, posiblemente ahí el crítico debería tener una función didáctica -que es una palabra complicada-. Porque el crítico debe tener la posibilidad de estar al borde de todo, de proponerle al espectador películas que no podría ver de otro modo.
En el caso concreto de Justicia Infinita se cubre la cartelera, pero también intentamos que se escape de la agenda, proponemos que consigan películas de otros realizadores, o que vayan a Cinemateca a ver películas que de otro modo no se podría ver.
Hay obras coreanas interesantísimas, directores que son increíblemente buenos, tanto clásicos como de arte y ensayo. Park Chan-wook o Kim Ki-Duk, por ejemplo. O en Japón Miike Takashi y Hayayo Miyazaki.
Y extensas filmografías europeas a las que no se puede acceder. Ahí creo que el crítico tiene la responsabilidad de que el espectador, el lector, el escucha, pueda conocer e interesarse –por eso decía lo de didáctico- por una oferta que es gigante, pero que queda eclipsada por Hollywood.

- Una frase de Béla Bálazs dice: “Ningún arte ha sido grande sin teoría”… ¿creés esta idea pueda ser aplicable a las películas y la crítica?
MAD: La teoría no tiene porqué venir del lado de la crítica. Coincido en que tiene que haber un contacto arte-pensamiento sobre el arte. Pero ese pensamiento no tiene porqué brindarlo la crítica, o la intelligentsia (1) sino que puede nacer del propio director.
Un gran artista, es un gran pensador del arte. Es imposible de separar. Tomemos el caso de Fellini, Antonioni o Godard que tomó los postulados de Bazin y los retorció al infinito.

- ¿Pero no crees en una relación íntima que hace que todo gran arte siempre tenga que tener una teoría que lo avale?
MAD: Yo no quiero hablar del arte en general, sino del cine.
Pueden haber grandes películas que en su momento no sean legitimadas por la crítica pero, vuelvo a lo mismo, lo que importa siempre es el impacto que la obra tiene sobre el lector o el espectador. Para que una película, para que el cine sea grande no sólo se necesita de la crítica o de la teoría y de cierta distancia histórica, es necesario contar con la estima del público.
Hay obras que fueron masacradas por la comunidad intelectual, y con el paso del tiempo se revalorizaron. En los 60 pasó con muchísimos directores y muchísimas obras clásicas que la Nouvelle Vague retomó, y que realmente cambió la historia del Cine. Se revalorizaron directores que se habían omitido.

- Pero a la distancia, fueron revalorizadas por la crítica…
MAD: Sí, allí los revalorizó la crítica y el público. Pero hay películas que pueden ser geniales sin ningún tipo de vínculo con la crítica. Que puedan ser geniales porque el espectador se apropia de la película, o la retuerce de un modo kitsch como pasa con el cine Clase B. Vos estás llegando a que siempre una gran película tiene que haber sido legitimada por una gran teoría… Vos me estás llevando a eso.

- Creo que es algo, al menos, para pensar…
MAD: Sí, es para pensarlo.

- De ahí el “gran papel” que cumplen Uds…
MAD: Noooo. Yo no cumplo ningún gran papel. Ninguno de mis compañeros, ni yo, cumplimos un gran papel. Es un papel miniatura, descartable…

Pero no sé. Yo creo que también depende del público. Si uno le tiene respeto a determinado crítico, es un poco lo que decía antes, quizás ese crítico pueda proponer nuevos modos de ver la película, pero el que siempre termina legitimando a la película es el espectador, más que el crítico. Pero lo tendría que pensar muchísimo más.

(1) - Me refiero a la intelectualidad, al conjunto de intelectuales de un país o área cultural.

     
 
 
Questiones Kortas
 

 

Un libro: “Música para Camaleones”, de Truman Capote. “Yo, Fellini” de Constanzo Constantini, de Perfil Libros, Bitácora.
Un músico o grupo: Si es uruguayo, El cuarteto de Nos; está años luz de todos. Si es una banda de rock internacional , Stone Temple Pilots. Solistas: Hendrix y John Frusciante.
Un pintor: “El Pollo” Vázquez.
Una película: Una contemporánea, “La Piscina” de François Ozon.
Un actor o actriz: Una actriz, Gena Rowlands; un actor, Robert Downing Jr.
Un director: Michelangelo Antonioni
Un instrumento: La guitarra
Un lugar: Mi casa
Un medio de información: La radio
Un aroma: El de las casas.
Un personaje: George Constanza, de Seinfeld.
Un barrio de Montevideo: Más que el barrio, lo que me importa es estar cerca del mar.
Algo que te gustaría saber hacer: Arreglar cualquier cosa eléctrica, ya que soy un negado por genética. No puedo arreglar absolutamente nada. Más que a mí, le gustaría a mi pareja.
Un vicio: Más que vicios tengo manías. Manías higiénicas. Estoy como en un estado larvario de la locura.
Una pasión: La escritura
Un regalo que te hicieron: El arte cinematográfico de Bordwell y Thompson
Un pensador: Roland Barthes
¿De qué obra te hubiese gustado haber sido el autor?: De ninguna. Tengo autores que me fascinan, pero sería un pecado extremo. No puedo hacer ese enroque al vacío.
¿En qué te reventarías la guita?: Si tuviera TODA la guita, me compraría diez mil guitarras, una tele plasma gigante y cien millones de películas, y directamente haría lo que más quiero que es no salir a la calle. Sería un Howard Hughes del cine y ahí superaría mi obsesión con la higiene.
Una debilidad: Los libros y los discos. Los libros me enferman.
Una destreza: El dibujo, dibujar.
Internet: El secreto, para poder utilizarlo al máximo, con fines académicos o lúdicos, es saber dónde buscar. Si uno no sabe, naufraga.
La política: No me siento identificado con ningún partido político. Vivo la política de modo racional. Detesto el vínculo pasional, futbolero.
La marihuana: Buena para ecualizar.
El fútbol: No me interesa.
Dios: Soy católico retirado desde los 11 años, pasé de ser ateo a ser agnóstico a aceptar que soy un católico retirado. Mi vínculo con lo religioso es doloroso. Existe por omisión.
¿Cómo te gustaría morir?: Un asado generoso, relación sexual, orgasmo, ataque al corazón y la cuenta, por favor.