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¡Los psi (1) patalean sobre las camillas! Pobrecillos... Figúrese que la gobernación desea controlar el acceso a la profesión reservándola a los individuos titulados en medicina. Si no se tiene más el derecho de ejercer libremente el oficio de charlatán - una libertad fundamental, uno de los derechos del hombre, ¿no?- ¿hacia dónde va todo? El hipnotizador, el radiestesista, el astrólogo, el sofrólogo, vienen detrás. Por el momento, todavía se los perdona.
Freud es un genio, y como a menudo sucede con los genios, sus invenciones sirvieron a lamentables malandrines confortablemente instalados desde el ejercicio de su chamanismo posmoderno, quienes, según la desgraciada fórmula de Lacan, no los autoriza a ejercerla en ellos mismos. Como los delincuentes, los mafiosos, los periodistas, los asesinos a sueldo, y otros profesionales de la jurisdicción de la excepción.
En efecto, un gendarme bajo el diván hace desorden. En adelante, el control gubernamental de la profesión permite el temor a la ortodoxia, a la línea oficial, al "diktat" psicoterápico. Tantas razones para que frunzan el ceño. Pero la ausencia de control deja a veces, sino generalmente, hacer no importa qué. Cada tanto se reclama de por sí, recusando recordar a terceros, y sin forzosamente pasar por la policía, el riesgo de sacrificar en su propio altar una víctima francamente inocente: el paciente.
En épocas donde la moral no asfixia en gran medida, el camino libre que un psi tiene para presentarse delante de un personaje frágil -definición de paciente- sin formación, sobre el pretexto de que el cliente es libre, la tarifa es libre, el método es libre, no se muestra liberticida para reclamar ante los poderes públicos por moralizar una profesión incapaz de efectuar su trabajo por ella misma. Proteger al débil contra la peligrosidad del fuerte, ¿no es este el rol del derecho y de la ley?
En contra del contrato con el Estado por el bien del paciente, los psi muestran que no se preocupan mucho por sus clientes - debería escribir: sus víctimas... La psíquis inconsciente es un auxiliar ideal para tomar de rehén: invisible, pero omnipotente, omnipresente -¿no les recuerda a nadie?- permite al maestro autoproclamarse competente en el análisis de sus efectos y de justificar su poder y su potestad sobre un sujeto sufriente que demanda ayuda y se abandona a un discurso y práctica de un personaje que la túnica blanca (2) -real o simbólica-, la placa profesional, el aura de la disciplina y el estatuto social legitiman de hecho.
Si no tuviesen miedo, por qué razón los practicantes rehúsan tener una formación en biología, neurología, fisiología, anatomía, patología, con el fin de conocer mejor esos cuerpos, que ciertamente sufren las angustias de un inconsciente, pero a veces, también, las condiciones de existenciales deplorables y patógenas que dependen de la política... Rehusar una formación científica sobre el pretexto de que el contrato del psi deviene de algún otro orden que es la razón pura, hace pensar singularmente sobre los artilugios y credibilidades de un otro defensor del irracional: la vieja e infatigable figura del sacerdote.
Traducción: Juan A. Queijo
Notas del Traductor
1 – Psi, abreviatura que designa las psicoterapias, o el psicoanálisis.
2 – La expresión original la blouse blanche , refiere ambiguamente a la prenda del oficio del doctor como a la profesión en sí misma. |
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