Imanol Aguirre Arriaga es filósofo. Profesor Titular de Educación Artística en la Universidad Pública de Navarra, España, y experto en Didáctica de las Artes Plásticas.

 

- Si bien exigir una definición de cultura pueda resultar demasiado grande para esta entrevista, busquemos un acercamiento a ciertas características de lo que podría constituir la cultura en nuestra época…
- Básicamente hay dos formas de acercarse al hecho cultural o a la definición de cultura. Una tiene que ver con entender la cultura como un conjunto de características, de rasgos, que definen a un grupo humano, lo cual, por otra parte no deja de ser curioso porque primero se suele definir el grupo humano y después se establecen los rasgos culturales, y generalmente se hace al revés, se miran cuales son los rasgos culturales y a partir de ahí se establece cual es el grupo humano. Entonces, creo que esa definición hace agua por muchos sitios, la idea de que cultura es aglomeración, o, conjunto de saberes, conocimientos, comportamientos, actitudes, en fin, ese tipo de cosas. Es la definición de Taylor, de finales del Siglo XIX.

A mi me interesa más una definición de cultura que tenga que ver, o que exprese mejor, la viveza, o el dinamismo, o la noción o la idea de cambio. Porque que lo que yo observo, que también seguramente es una visión parcial de la realidad, es una forma de mirarla, pero lo que yo observo es que veo más la transformación que la inmanencia, veo más el cambio que lo permanente, y en ese sentido, me parece que es más interesante una definición de cultura como la que aporta Clifford Geertz, que habla de la cultura como un sistema abierto, en interacción de significados que están constantemente reconstruyéndose y rehaciéndose entre sí en un determinado entorno. Me parece que esta definición es mucho más abierta y además, tiene la utilidad o la virtualidad de editar la relación entre cultura y espacio, o cultura y lugar, porque los sistemas de significados, intercambiados en interacción entre sujetos de comunidades no necesariamente deben de producirse en un espacio de radio determinado. Y yo opto por esa otra vía, me parece más interesante y más fructífera, más productiva.

- ¿Se podría pensar que el eje de esa asociación que aglomera a las diferentes comunidades, podría ser entendido como una relación que parta desde lo estético?
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Bueno, es estética, es ritual. Lo que amalgama la conexión entre diversos grupos, muchas veces, o casi siempre, tiene un componente estético y ritual muy grande. Lo que hace de argamasa entre grupos humanos que se definen como tales, efectivamente tiene una gran carga de lo estético y una gran carga de lo ritual, que también es una forma de lo estético.

- ¿Pero podría pensarse que en la época actual se haya sustituido el tipo de relación, que antes era más conceptual, más político, más ideológico, para que actualmente sobreviva meramente el residuo estético de aquellas formas de relación? ¿Se entiende mi pregunta?
- Sí, lo entiendo perfectamente, lo que pasa es que no me lo creo. Quiero decir, yo no creo que haya, o que haya habido, una mayor carga, una mayor profundidad filosófica o conceptual y que ahora sea más superficial las formas de presentarse a la cultura. Creo que los significados son igualmente elocuentes, igualmente reveladores y profundos en cualquier de los casos. No creo que las grandes ideologías o las grandes narrativas, como se les suele llamar, tengan un peso conceptual mucho mayor que lo que puedan tener ahora estas pequeñas formas de asociación o de intercambio, de generación de ámbitos de pensamiento. Otra cosa es que nuestra capacidad de análisis de eso, o nuestra forma de mirarlo se quede mucho más en la superficie, que no penetre tanto. Y que no haya grandes manifiestos, que no haya grandes textos teóricos o teorizados sobre aquella práctica cultural en concreto, no quiere decir que la práctica cultural no esté repleta de significados, exactamente igual que podría estarlo una práctica cultural que estuviera avalada o acompañada de una gran reflexión teórica y filosófica. Por ejemplo, el fenómeno del rap, aparentemente tan superficial como el de las culturas posmodernas o las culturas de calle y demás, es un fenómeno que ha dado lugar a centenares de artículos y a muchísimas publicaciones en la Universidad de la Sorbonne, por ejemplo a un libro, creo que de los más interesantes que hay en este momento sobre estética posmoderna, es la tesis de Richard Shusterman que hace sobre la cultura del rap. Por eso yo creo que es posible encontrar cuáles son los resortes de significado existentes en estas prácticas culturales. Otra cosa es que esperemos que esa profundidad solamente sea evidente cuando lleva al lado un manifiesto o un ensayo teórico del tipo que sea. Yo creo que funcionan de la misma manera, los significados que interactúan están presentes en ambos casos y en ambos casos son igualmente significativos, valga la redundancia, para los grupos.

- Entonces lo que define a la cultura, en la posmodernidad, es esa constante mutación.
- Si, yo creo que las prácticas culturales cambian y no son exactamente las mismas porque las propias sociedades van configurándose de formas distintas. En esa interacción entre las prácticas económicas, prácticas políticas y fundamentos ideológicos, van generándose nuevas maneras de relacionarnos y de vivir, pero eso ha pasado ahora y ha pasado antes. Lo que fundamentalmente ha cambiado ha sido la manera de mirar esas prácticas. Creo que lo que puede aportar la Posmodernidad es la forma de analizarlas. No creo que las prácticas sean posmodernas en sí mismas.

Mientras que la Modernidad observaba esas prácticas deteniéndolas, congelándolas para mirarlas, la Posmodernidad las estudia desde el cambio, las estudia como algo que está vivo, que está en movimiento, en interacción. Eso puede dar lugar a que parezcan más livianas, más frívolas, más esteticistas, pero justamente creo que es la mirada lo que las convierte en eso, no es exactamente que las prácticas sean así. Si nos vamos a un fenómeno cualquiera del siglo XVIII o XIX y lo miramos desde esta perspectiva, también encontramos todos esos factores de cambio, de alteración, de interacción social y de intercambios de significados entre sistemas simbólicos.

- Pero, por ejemplo, ¿la aproximación a la política, se puede decir que sigue siendo la misma?
- Es que necesariamente no puede ser la misma. Si fuera la misma sería una tragedia, pero las situaciones sociales y culturales, las relaciones internacionales, los propios significados de la política en la vida de las personas no son los mismos. Si hoy, un joven anarquista español (que es el caso que conozco), frente a la realidad política en la que vive, saliera con una pistola a matar al rey pensando que así va a solucionar o a cambiar el destino de su país, es un auténtico tarado. Porque no entiende nada de lo que está pasando, no entiende por dónde pasan los resortes de poder ni cómo funcionan.
No es la misma, no puede ser la misma, lo extraño sería que fuera la misma.

- ¿Pero no sigue siendo “Anarquía”?
- Pero con otras formas de actuar y de enfrentarse porque el tipo cuestiones y de problemas al que se enfrenta no son los mismos. Todo va cambiando, porque todo está entrelazado, en interacción. Las prácticas a las que uno se enfrenta y las actuaciones de uno mismo son justamente como un caleidoscopio que se está reconstruyendo constantemente y en el que una figura no puede quedarse fija mientras las demás van cambiando.

- ¿Pero entonces porqué se sigue habalndo de Anarquía, para seguir con su ejemplo? Si es que resulta ser otra cosa…
- Porque los contextos no son solamente locales, los contextos donde un sujeto se inscribe son pluridimensionales. Es decir, uno se inscribe en su momento (por ejemplo, en la sociedad Uruguaya del 2006) pero a la vez uno se inscribe en una tradición política, y eso ya no es horizontal, ya no es sincrónica sino diacrónica, dónde se identifica con unas maneras de ver las cosas y de enfrentarse con los presupuestos ideológicos. Entonces, en el individuo se cruzan las dos situaciones, las dos dimensiones. Una que es la sincrónica (la de hoy, aquí, con las formas que tengo yo de actuar en mi entorno frente a las prácticas políticas que aquí se están dando), y otra que es la diacrónica (la de la tradición en la que me inscribo, el pasado con el que me identifico, mis ancestros, mis antecedentes). Y esas son dos dimensiones, pero además puede existir la de la raza, la del género, y unas cuantas más.

- Entonces, el problema resulta de la mirada que hacemos de esta realidad…
- Yo creo que el problema está sobre todo en la mirada Yo no creo que la realidad sea buena o mala, problemática o no problemática. Considero que lo que problematiza la realidad es la mirada y lo que cambia la percepción de las realidades son las miradas que se proyectan sobre ella. Pensemos en la metáfora de la red, si echamos una red con agujeros muy grandes conseguiremos sólo peces grandes, sin embargo eso no significa que el mar esté solo lleno de peces grandes. Si echamos una red con agujeros más pequeños, entonces obtendremos peces grandes y pequeños. La mirada es fundamental a la hora de generar la sensación, la percepción de la realidad en la que vivimos.