La historia de la inmigración ha sido representada, en gran medida, a través de dos historias: una es la historia de los trabajadores, y la otra, la historia de la transformación de los trabajadores extranjeros en comunidades étnicas. Con frecuencia, estas historias se dan simultáneamente en una ciudad, región o nación, entre personas que pueden o no compartir la misma nacionalidad.
Hoy la inmigración ha traspasado los límites de esas dos historias. En los países receptores, las ciudadanías llegan a vivir la inmigración como una transgresión. Lo que alimenta esta noción de inmigración como transgresión surge de múltiples condiciones. Por ejemplo, está la crecientemente explícita lealtad al Islam entre los jóvenes algerianos en Francia, pero también las nuevas modalidades de participación directa en el desarrollo económico de México llevado adelante por las comunidades inmigrantes mexicanas de Estados Unidos. Otro factor, más general, es la emergencia de las asociaciones de inmigrantes como actores políticos que están comenzando a funcionar en red a través de Europa, y que ahora empieza a darse a lo largo de las Américas. También incluiría la inserción de ciertas problemáticas inmigratorias en un debate multicultural más amplio que incluye a las minorías nacionales, inserción que también puede extenderse a las nuevas políticas culturales. Resultan críticas asimismo, si bien meramente emergentes, la deconstrucción parcial de la noción de comunidad nacional y el ascenso de las nociones transnacionales de ciudadanía y comunidad de pertenencia –un conjunto de dinámicas que sectores diversos de las élites nacionales perciben como estimuladas por la inmigración, especialmente en el contexto de las grandes metrópolis y las mixturas que éstas facilitan. Todas estas tendencias, esfuerzos, actividades e imágenes han contribuido a una nueva “historia” a través de la cual se vive la inmigración.
De hecho, las principales características que marcan a la inmigración forman parte de un proceso más amplio: la desestabilización de las jerarquías formales del poder centradas en el Estado. Esta desestabilización se debe, en parte, al surgimiento de nuevas instituciones globales, desde los mercados electrónicos financieros a los regímenes de derechos humanos y la nueva Corte Criminal Internacional. A su vez, esto ha permitido una multiplicación de dinámicas y actores políticos (todavía) informales. Sólo en parte a modo de provocación, diré que los inmigrantes son en efecto un factor crítico en esta dinámica amplia que genera nuevos tipos de políticas informales y de actores políticos informales. En última instancia, los inmigrantes son en parte ciudadanos desnacionalizados, con la ambigüedad intencional en cuanto a pertenencia que el término conlleva. El inmigrante, en tanto que ciudadano en parte desnacionalizado, pertenece a un mundo de actores políticos informales en expansión, junto con el ciudadano tradicional que, cada vez más, busca ser transnacional.
La ciudad global -- zona fronteriza
Posiblemente el espacio crítico para estas transformaciones sea la ciudad global. Las ciudades globales son una especie de nueva zona fronteriza –tanto para el capital global como para los nuevos actores políticos informales. No sólo el nuevo capital global, sino también los inmigrantes que trabajan y luchan en estas ciudades emergen como actores críticos en hacer la historia contemporánea postcolonial. Es en ellas donde se juega esta historia postcolonial –no meramente en Asia, Latinoamérica o África, sino en Nueva York, París, Madrid, Londres y tantas otras grandes metrópolis del norte global.
En este proceso, la ciudad global se reconfigura como un espacio parcialmente desnacionalizado que permite tanto las políticas subnacionales como las transnacionales. En este proceso, a su vez, se reinventan el vivir y el narrar de la pertenencia política. Esta reinvención disloca lo político de las temáticas de la nacionalidad definida en sentido estrecho. Lo político se implanta y se reinventa a partir de un amplio espectro de intereses particulares –desde protestas contra la brutalidad policial y la gentrificación a políticas sexuales y la ocupación de casas ( squatting ) por anarquistas. Interpreto esto como un movimiento hacia algo de carácter similar a las prácticas ciudadanas que giran en torno al reclamo de derechos a la ciudad. Cuando la cuestión de los derechos gira en torno a la ciudad, los reclamos se vuelven concretos y permiten un registro más amplio de actores, incluso de aquellos sin poder. Estas prácticas no son exclusiva o necesariamente urbanas. Pero es especialmente en las grandes metrópolis donde vemos, simultáneamente, las desigualdades más extremas así como las condiciones que facilitan estas prácticas políticas en modos que serían imposibles en zonas rurales, ámbitos suburbanos y pueblos. En las ciudades globales, estas prácticas contienen asimismo la posibilidad de confrontar directamente las formas estratégicas del poder –un hecho significativo en un contexto donde el poder crecientemente se privatiza, globaliza y nos elude. Los actores críticos en estos ambientes densos son las grandes empresas globales, las minorías y los inmigrantes. Los tres funcionan como actores políticos informales.
La irrupción de actores políticos informales: inmigrantes y multinacionales
Hacer la historia postcolonial en las capitales de los viejos imperios conlleva transcender el estado-nación como contenedor de lo social y lo político. Este transcender abre posibilidades para una geografía política que conecta espacios subnacionales, con las ciudades como elementos clave. Son las empresas multinacionales y sus profesionales, pero también los inmigrantes y refugiados, los que a través de sus prácticas contribuyen a construir estas geografías interciudades. Parte de lo político en cada ciudad empieza a orientarse hacia una red inter-urbana que va más allá de cada ciudad ( multi-sited network ). Escasos actores contribuyen a constituir estas geografías como lo hace el ciudadano desnacionalizado, con predominio del inmigrante y el profesional transnacional de las firmas globales. La pregunta que surge es la posible formación de nuevos tipos de políticas que, si bien se encuentran localizadas en estas ciudades, se empiezan a vivir crecientemente como parte de redes globales –sean éstas regionales o transnacionales.
Tomando en cuenta que las grandes metrópolis concentran los sectores líderes del capital global y una parte creciente de los grupos más vulnerables –inmigrantes, gran cantidad de mujeres en posición de desventaja, gente de color generalmente y, en las megaciudades de los países en desarrollo, masas de indigentes–, esto nos indica que las ciudades se han convertido en un terreno estratégico para un conjunto importante de conflictos y contradicciones. También se puede pensar las ciudades como el espacio donde se materializan las contradicciones de la globalización del capital y donde se da la reinvención de ciertos componentes de lo político. Esta manera de pensar la ciudad nos permite recuperar toda una serie de presencias.
A pesar de que la ciudadanía tuvo su origen en las ciudades y éstas fueron importantes en su evolución, no creo que podamos simplemente leer estas condiciones actuales como un regreso a esa condición histórica. No es de esa historia que hoy surge el significado de la ciudad –como espacio generador de nuevas prácticas y actores políticos informales, o no aun formalizados. Tampoco el gobierno local de las ciudades tiene mucho que ver con esa historia de ciudadanía y democracia en la antiguedad y el medioevo Europeo. Surge más bien de lo que Henri Lefebvre señalaba con su noción de la ciudad como obra ( oeuvre ) –y de allí la importancia de ser agente o actor para hacer la historia . Mientras Lefebvre encontraba esta capacidad de hacer en la clase trabajadora de la París de mediados del siglo XX, yo la encuentro en dos actores estratégicos –el capital global y la inmigración– en las ciudades globales de hoy.
Lo que se va formando hoy en cuanto a prácticas ciudadanas en la ciudad global es muy diferente de lo que pudo haber sido en la ciudad medieval estudiada por Weber. En la ciudad medieval vemos un conjunto de prácticas que permiten a los burgueses construir sistemas para poseer y proteger la propiedad, así como para implementar diversas inmunidades contra todo tipo de déspotas.
En la actualidad, las prácticas ciudadanas tienen que ver con el hacer “presencia” por parte de aquellos que carecen de poder, incluyendo los indocumentados, y con políticas que reclaman derechos a la ciudad. Lo que comparten estas situaciones es la noción de que a través de estas prácticas a menudo informales se van constituyendo nuevas formalizaciones de pertenencia política. La ciudad es un lugar clave para este tipo de trabajo político que se constituye, a su vez, en parte a través de estas dinámicas. Luego de la larga fase histórica que vio el ascenso del estado-nación y el crecimiento de las dinámicas económicas a nivel nacional, la ciudad es una vez más la escala donde se materializan las dinámicas estratégicas, tanto económicas como políticas.
La ciudad global ha surgido como un lugar estratégico precisamente gracias a estas innovaciones y transformaciones en múltiples dominios institucionales. Factores claves de la globalización y digitalización económica se establecen en este tipo de ciudades y producen dislocaciones y desestabilizaciones de los órdenes institucionales y los marcos legales, regulatorios y narrativos vigentes para manejar las condiciones urbanas. Es justamente esta elevada concentración de nuevas dinámicas en estas ciudades lo que genera innovaciones y respuestas creativas. Se trata, muy probablemente, de un proceso que requiere cruzar un cierto umbral en cuanto a concentración y diversidad de condiciones.
La historicidad de este proceso se ve en el contraste con la ciudad durante la fase keynesiana. En esa fase, y especialmente dado el contrato fordista y la preeminencia de la manufactura de masa como dinámica económica regente, hacia mediados del siglo XX las ciudades habían perdido funciones estratégicas y dejaron de ser un espacio para innovaciones institucionales. Los sitios estratégicos del período fueron la gran fábrica con su proceso de manufactura en masa y mercados de consumo masivos, y el gobierno nacional como espacio institucional donde se desarrollaron los marcos regulatorios y se instituyó el contrato social fordista. Son la gran fábrica y el gobierno que emergen como los lugares estratégicos para la localización de dinámicas cruciales para la producción de innovaciones institucionales claves.
Es con la globalización y la digitalización –y la totalidad de elementos específicos que implican– que las ciudades globales emergen como sitios estratégicos. Si bien las transformaciones estratégicas se concentran fuertemente en las ciudades globales, se difunden y materializan también en ciudades más pequeñas o de nivel medio en las jerarquías urbanas nacionales. Lo que es más: en mi lectura, algunas instituciones específicas del Estado también se constituyen como espacios estratégicos en los procesos de globalización, no obstante la pérdida de autoridad por parte del Estado a través de la desregulación y la privatización... |