Integrante de una generación de pensadores que afortunadamente aún continúa dejando muestras de esa especial lucidez, Lisa Block de Behar ha encarado un proyecto de investigación nada sencillo: recuperar el pasado periodístico, literario y artístico de nuestro país para ponerlo a disposición en el sitio www.archivodeprensa.edu.uy

Sobre este proyecto, sus bases intelectuales y asuntos afines, trata este encuentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

- ¿Con qué se encuentra el usuario que accede a www.archivodeprensa.edu.uy ?
- Se encontrará con artículos, libros, fotos, grabaciones de audio y otros documentos de y sobre Arturo Despouey, Carlos Real de Azúa y Emir Rodríguez Monegal, por ahora; habrá otros. Hemos incluido escritos éditos e inéditos, que habían empezado a recopilarse hace tiempo y que, dispersos en muchos lugares del mundo, ahora se reúnen en este sitio de internet.

Además de la tarea de búsqueda que implica la variedad de ese material, me interesa destacar la colaboración invalorable de los herederos y familiares de los autores, cuya autorización generosa ha sido un requisito estricto ya que sin su consentimiento nada habría podido ponerse en el dominio común.

- ¿Cómo surge este proyecto?
- Desde hace años me preocupa el olvido y abandono que, en nuestro medio, padecen obras de autores y periodistas nacionales, de importancia fundamental o fundacional, que la posteridad, desde hace décadas, sigue ignorando por diversas y no siempre nobles razones.

Sin embargo, no fue esa la única causa -aunque sea la razón primordial y más que suficiente- sino, como suele ocurrir, las razones y preocupaciones son plurales. Por ejemplo, la facilidad con que las innovaciones tecnológicas prodigan hoy simples formas de acceso a escritos que, hasta ahora, permanecían anquilosados en bibliotecas con toda clase de restricciones o en archivos privados, privados de la necesaria disposición a ser consultados y que requieren trámites bastante desalentadores, servicios a medias, donde la obtención de reproducciones se vuelve muy difícil o imposible.

Creo que sería una torpeza sin atenuantes no sacar partido de las infinitas posibilidades de multiplicación y circulación que ofrecen esas nuevas técnicas para difundir información que permanece en reserva, en circuitos cerrados que hacen inaccesible una notable producción intelectual y cultural a la que los cambios tecnológicos abren oportunidades que las instituciones nacionales, presuntamente competentes, parecen desconocer.

Por el contrario, esta aspiración a hacer público lo que está en anaqueles y cajones, en recintos claustrales solo visitados por un muy pequeño número de personas, tiene precedentes internacionales extraordinarios. La lectura en las redes ha tomado dimensiones cada día más asombrosas y la frecuencia de sitios como Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia, el Project Gutenberg que surgió ya hace décadas por iniciativa de particulares en los Estados Unidos, el de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes que promovió inicialmente la Universidad de Alicante, Les classiques de sciences sociales que puso en línea la Universidad de Quebec en Chicoutimi y los que, en nuestra propia región, han ido creando las bibliotecas nacionales o diversas instituciones públicas y privadas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México, Perú, contrasta con la ausencia de contenidos en sitios de nuestro país, salvo alguna excepción como la Biblioteca artiguista y su colección de Clásicos uruguayos en línea.

Así que esta iniciativa y su desarrollo progresivo responde a un triple propósito, que resulta ocioso repetir: contribuir a hacer público lo que está guardado o en reserva, asistir a los lectores que buscan y quieren leer libros, artículos y obras valiosas del pasado cultural del Uruguay y, naturalmente, a atender a los estudiantes universitarios. Son procedimientos que, si bien contribuirán a reparar olvidos, omisiones y pérdidas, no se limitan solo a una voluntad de restituir sino a la necesidad de extender y ahondar en un vasto imaginario, que se ha estrechado demasiado debido a las confusiones y carencias temáticas de una actualidad desprovista de intereses desinteresados, impuesta por trivialidades que los medios suelen afianzar sin que las instituciones específicas propongan planteos que contrarresten sus inercias.

Es, también y de algún modo, parte de la labor de extensión que la ley orgánica le fija a la universidad pública, en la medida que se pretende acercar ese caudal de documentos a todos, todo el tiempo, y con prescindencia de donde se resida (en la capital o en el interior, dentro o fuera de fronteras), siempre que se tenga acceso a internet.

- ¿Cuáles son los criterios de selección de los materiales y los autores?
- Los criterios, que son varios y sometidos a una permanente discusión, se adecuan a las posibilidades reales de procurar materiales, respondiendo muchas veces a esa vertiginosa lógica de la biblioteca: la búsqueda de algunas figuras precipitan otras figuras y así, por medio de una sucesión ilimitada y en cadena -donde no se descarta la incidencia del azar que, ya se sabe, da lugar a imprevisibles redescubrimientos- aparecen astros y constelaciones inesperadas. Nos interesa recuperar las obras de aquellos autores del pasado que han sido soslayados por distintas circunstancias, intentando eludir el aturdimiento de un ruidoso presente, que reduce las variedades del acervo crítico y creador a poco más de un par de referencias. Es lamentable que, por esa redundancia, se excluyan obras del mayor interés, esas que no se encuentran ni en librerías ni en supermercados, cuya escasez o ausencia ponen en evidencia el precario paisaje cultural de nuestros días.

- ¿Cuál es la metodología de trabajo?
- Ha ido cambiando en relación al número de colaboradores, de las revisiones y modificaciones que las propias actividades van determinando, la incorporación de nuevas capacidades, de perspectivas diferentes. A partir del diseño realizado inicialmente por Fidel Sclavo, continuamos trabajando en la construcción de otros sitios, primero con los docentes y colaboradores y, de ahora en adelante, con un gran número de equipos de estudiantes, que se encargarán de buscar y seleccionar materiales, aprenderán a registrarlos, digitalizarlos y corregirlos, a instalarlos en la red, siempre asistidos por la pericia de aquellos integrantes estables del Seminario que conocen esas técnicas, las aplican y enseñan en un aprendizaje e intercambio constante de destrezas.

- ¿Quiénes participan del proceso de recabar los materiales?
- Todos quienes estamos trabajando en el Seminario de análisis de la comunicación , situado en el último año de estudios en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República , la mayor parte en forma honoraria y, en adelante, esperemos que también contribuyan con sus investigaciones los propios estudiantes, guiados por las orientaciones que se proporcionan en el curso y por los estímulos de su curiosidad, conocimiento y compartido entusiasmo.

- ¿Qué otros autores se piensan incluir en el sitio?
- No es posible adelantar un rígido plan de nombres y obras, aunque ya se está trabajando en Esther de Cáceres, Manuel Flores Mora, Raúl Montero Bustamante, Daniel Muñoz, entre otros.

- ¿Cuál es el objetivo para este año?
- Si esos fueron y continúan siendo los propósitos y aspiraciones, lo cierto es que al haberse iniciado el proyecto, hace ya varios años, como una tímida tentativa y sin ningún apoyo institucional ni de ningún otro tipo, todo fue haciéndose con cierta prudencia, en forma a veces fortuita pero siempre fervorosa. Mientras que, en los últimos tiempos se propuso como una tarea colectiva, progresiva y curricular de docentes y estudiantes del Seminario , así como de muchos colaboradores honorarios y voluntarios que, ya egresados, contribuyen con sus habilidades técnicas y conocimientos académicos, con su sorprendente convicción, a llevar a cabo algo así como una misión que nos compromete a todos.

Este año pretendemos propiciar aún más la colaboración entre todos los participantes del Seminario , en tanto autores colectivos de este trabajo y el deseo en común de contribuir a indagar en nuestra memoria y a inducir una actitud cultural que cunda.

- Le debo confesar que me deja insatisfecho (quizás sea una cuestión personal), el adjudicar únicamente este problema del olvido a estas instituciones culturales, educativas o mediáticas. ¿No cree Ud. que pueda haber también alguna "falla" en los individuos?
- Me temo, entonces, que mi respuesta no fue suficientemente clara ya que, al hablar de instituciones, me pareció innecesario abstraerlas de las personas que las administran. Si nepotismo designa esa preferencia desmedida que algunos funcionarios conceden a sus parientes o allegados para la provisión de empleos públicos o para atender tareas que se inventan para ellos, en nuestro país, de geografía estrecha y más parca demografía, esa preferencia se agrava por la concentración en círculos de amiguismo o clientelismo que, en algunos casos, desvirtúan, hasta la parodia, el ejercicio de la democracia. Los denostados privilegios que concedían los monarcas o siguen prodigando los dictadores resultan, incluso, más sorprendentes cuando los vicios se amparan y “normalizan” en regímenes que cuentan con las estructuras democráticas para hacerlos prevalecer. Ya se sabe demasiado de los males que inflige la corrupción, pero no se protesta en la misma medida, sobre todo cuando la corrupción se instaura al punto que no se advierte ni por quienes la propician ni por quienes devienen sus víctimas.

En los espacios asignados a la cultura ocurren muchos abusos que no se advierten pero que no son menos turbios que otros pero de los que debería esperarse menor confusión. ¿Por qué esa indulgencia con las pandillas culturales? ¿Porque poco importa la cultura? ¿Porque no se concibe que quien tiene atribuciones en esferas culturales pueda descuidarlas?¿Porque se espera mejor suerte en el futuro y ser admitido algún día por los privilegiados del club? ¿Porque cualquier protesta suele ser interpretada como proveniente de resentimientos? ¿Por un escepticismo que reprime cualquier intento de cambiar la situación? ¿Porque siempre ha sido así? ¿Porque es inherente a la condición humana? ¿Porque -y por qué- nadie responde a estas preguntas? ¿El silencio las consiente o, al ignorarlas, las suprime?

Desde 1986, cada tanto me inquietan estas mismas cuestiones, que producen siempre más indignación y, cada vez, el paisaje es más desalentador. Una reiteración escandalosa consagra los mismos nombres en ministerios, universidades, representaciones diplomáticas; los mismos nombres de los miembros de jurados, que suelen turnarse con los premiados por ellos, los de quienes deciden la condición de investigadores y se asignan a sí mismos los proyectos que se aprueban, una homogeneidad de la que no se apartan las secciones culturales de los medios de comunicación, y la calesita sigue dando las mismas vueltas, sin variar ni los caballitos ni los jinetes de un destartalado carrusel. Si la homogeneidad se registró en oposición, ahora, cuando la oposición pasó a ser oficialista, la unanimidad pasa del escándalo a la decepción. Pero, como no todo sucede por complicidad o inepcia, vale la pena promover la discusión sobre estos problemas.

- ¿Podría existir alguna relación entre la poca importancia que las instituciones dan a ciertos proyectos con el eterno dilema de la Academia -o el intelectual- aislado de las sociedades? ¿Cómo entiende Ud. ese rol que deben cumplir los intelectuales en las sociedades?
- No creo que radique en una presumida distancia o indiferencia académica el origen de ese monopolio que no cede ni retrocede. Ni por elitista ni por intelectual ni por disociado de los intereses comunes y temporales. Por eso el ánimo no decae, al contrario, crece fervorosamente al comprobar la urgencia de construir sitios, de rescatar nombres y obras, de procurar, aun sin medios, que esté a disposición de los lectores la variedad de materiales que existen, aunque ni las comisiones específicas ni los responsables de darles el mejor destino parezcan enterarse de las carencias ni de las actuales posibilidades de superarlas gracias a tecnologías que facilitan la conservación y difusión, que tanto nos preocupa.

-Para finalizar, ¿cómo describiría la etapa del pensamiento intelectual del momento, y si se merece establecer una comparación con ese pensamiento que se busca rescatar?
- No es simple definir un período desde el mismo período en que está transcurriendo, sobre todo cuando, para apreciar otros, se cuenta con la distancia de lo que ocurrió en otros tiempos o que ocurre en otras partes. Apenas arriesgaría señalar un vacío intelectual que, en la actualidad, niega ese pensamiento por desconocimiento, por falta de curiosidad, de análisis y crítica, de referencias necesarias para evitarlo. Un aspecto que deriva de las circunstancias a las que se viene aludiendo y que resumiría como los excesos derivados del “presentismo”, una actitud que prescinde del pasado –que es desentenderse del futuro, el deseo de “visibilidad”, de “hacerse ver”, de estar en las pantallas, en las fotos, en las listas. De ahí la necesidad de seguir investigando, multiplicando archivos, construyendo y extendiendo sitios, colmándolos de contenidos.

 

 

 

 

QUESTIONES KORTAS
 

Un libro: Hors sujet (Emmanuel Lévinas)
Un músico (o grupo de música): Monteverdi. Intérpretes: Glenn Gould / John Eliot Gardiner
Una pintura o un pintor: Vermeer /Magritte
Una película: El otro señor Klein (Joseph Losey)
Un actor/actriz: Marcello Mastroianni/Jeanne Moreau
Un director de cine: Alain Resnais
Un instrumento musical: Violoncelo
Un lugar: Utopía
Un medio de información: La radio
Un aroma: glicinia
Un personaje: Antígona
Un barrio de Montevideo: Sur
Su primer amor: Isaac
Algo que le gustaría saber hacer: Saber hacer

Un vicio: La información
Una pasión: Leer
Un regalo que le hicieron: Una foto
Un pensador: Moses Mendelssohn
¿De qué obra le hubiera gustado haber
sido el autor?:
Tantas
¿En qué se gasta (o se gastaría) la plata?: En árboles
Una debilidad: Los nietos
Una destreza: Ninguna
Internet: Una maravilla
La política: Inútil
Las drogas: Degradantes
El fútbol: El básquetbol
Dios: Del instante a la eternidad, todo el tiempo
Cómo le gustaría morir: A tiempo